Cómo Cuidar A Los Bebés En La época Del Frío

Esta época tiene sus ventajas e inconvenientes para un niño de pocos meses. Pero está en manos de los padres proporcionar a sus hijos los cuidados necesarios para que esté bien.

Durante su vida intrauterina, el bebé se encontraba en un ambiente de estabilidad térmica que le resultaba muy agradable, pues no pasaba ni frío ni calor.

Sin embargo, desde el instante de su nacimiento empieza a perder calor rápidamente, a unos 0,3 ºC por minuto.

La mayoría de las mamás que están en ésta situación se preguntan si los rigores del invierno pueden afectar de alguna manera a la salud de su hijo en una etapa en la que es tan vulnerable. La época de frío basta con que se tome una serie de medidas para que los primeros meses del bebé transcurran sin problemas (aunque conviene que se tenga la idea de que a lo largo del primer año la mayoría de los niños pasan una media de entre ocho y diez catarros).

Las severidades del invierno no pueden paralizar la vida y mucho menos la de los hijos, a menos que las temperaturas sean excesivamente frías, un bebé no debe vivir encerrado en el hogar a la espera de que cambie el tiempo. El aire libre, aunque sea muy fresco, no es perjudicial para su salud.

Conviene sacar al bebé a la calle a diario, de preferencia hacia el mediodía, cuando el sol calienta más, pero evitando la exposición directa a los rayos solares. Para protegerlo del frío se puede abrigar con un saco para carriola, cubriéndole las manos con guantes y la cabeza con un gorrito que también proteja sus oídos de las corrientes de aire.

En cuanto a la ropa más apropiada, es preferible que lleve varias capas delgadas que pocas capas muy gruesas. Así, si se entra a un lugar en el que la temperatura es más alta se le podrá quitar alguna prenda para evitar que se sofoque. Se debe poner una capa más de la que llevas el adulto, ya que el bebé va sin moverse y su organismo aún no regula bien la temperatura. Es recomendable que las prendas no le queden apretadas, para que no le agobien. Los bebés no son capaces de indicar si se sienten incómodos. Si llora puede deberse a que se siente mal porque está muy abrigado.

A la hora de salir a la calle o entrar en una casa se debe evitar que los cambios de temperatura sean muy bruscos porque son éstos, más que el frío, los verdaderos enemigos de la salud del bebé.

La temperatura ideal en el hogar está entre 20 y 22 ºC y que es necesario ventilar bien todas las mañanas para renovar el aire.

Para la hora del baño es importante que la habitación o el baño estén a temperatura agradable, se puede calentar el baño antes de llevarlo abriendo el grifo del agua caliente y cerrando la puerta. Una vez que se haya conseguido un ambiente cálido se desnuda al bebé y asegurándose de que el agua está a una temperatura de 36,5 o 37 ºC antes de meterlo. Y cuando se le bañe, antes de echarle el jabón se calienta el bote con las manos para que no le dé estremecimiento. Lo mismo se hace con la crema hidratante que se pone después de secarlo.

Dormir demasiado abrigado o en un sitio con mucho calor es uno de los factores que propician el síndrome de muerte súbita del lactante. Hay dos formas de que un bebé duerma: se le puede poner un body delgado y una pijama saco o se le puede poner una pijama de una sola pieza que le abrigue y taparlo con un edredón fino, dejando los brazos del bebé por encima para evitar que le tape la cabeza. El cuarto se debe mantener a una temperatura constante entre 19 y 20 ºC por la noche y muy importante si suda, significa que está demasiado abrigado.

Existen una serie de trastornos que son más habituales durante los meses de frío. En la mayoría de los casos no existen vacunas para prevenirlos, pero sí claves para aliviar o combatir los síntomas más característicos.

Las enfermedades más comunes en el invierno son:

Resfriado común. Está producido por los rinovirus. Se contagia por el contacto de manos, los estornudos y se propaga mucho en lugares mal ventilados. El niño puede contagiarse de varios resfriados en la misma temporada. El tratamiento es sintomático: una buena hidratación y la dosis de paracetamol que indique el pediatra.

Gripe. La produce un virus llamado Influenza. Es más intensa que el resfriado, causa fiebre y en ocasiones dolores de cabeza. Además puede provocar molestias digestivas (diarreas y vómitos).

Bronquitis. Es una inflamación de los bronquios, casi siempre vírica. Es habitual que empiece como un catarro de las vías altas.

Faringitis. Pueden ser víricas o bacterianas. Sus síntomas son dolor de garganta y fiebre y para combatirlas el médico recetará al bebé analgésicos y en algunos casos, antibióticos.

Otitis. Complicación típica del resfriado: se acumulan secreciones en el conducto que va de la nariz al oído y se infecta. Se trata con antiinflamatorios o antibióticos.

Si el bebé se enferma, cuando tiene mocos y congestión, una buena hidratación es fundamental. Quizá sea conveniente que entre las tomas de pecho se le de agua para ayudarle a expulsar las secreciones. Se le debe mantener en una posición lo más vertical posible.

Los analgésicos y antitérmicos son eficaces, siempre que sean recetados por el pediatra, respetando el horario y la dosis recetada. La estimulación emocional es esencial para una rápida recuperación en la mayoría de los trastornos de salud.

El bebé debe estar cómodo en casa, se debe crear un entorno cálido, evita luces muy intensas y ruidos que le alteren. Se debe tomar en cuenta que quizá tenga menos hambre. Si no come, no se le debe forzar, y siempre ante una enfermedad se debe consultar al médico.

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